Escúchame, soy tu Alumna.

Autor : Antonio Marquez.
Aún recuerdo el día en que la Orientadora del centro se acercó hasta nuestro sitio de trabajo y con los ojos muy abiertos me dijo: tengo que decirte algo…
Mi trabajo consiste en atender a niños ciegos o con baja visión. Trato de ofrecerles estrategias que le ayuden a eliminar las barreras que la escuela y la vida en general les van poniendo. Son alternativas a los modelos estandarizados, y válidos para casi todos, las cuales les permiten hacer lo mismo que todos pero de otra forma.
La vida quiso poner en mi camino a una chiquita de apenas 8 años que se resistía a quedarse ciega, y que con su pequeño resto visual, en un solo ojo, devoraba la vida, la aprehendía con h, como solo aprenden aquellos que desean aprender las cosas.
Y así fuimos creciendo juntos, un año y después otro, sorteando dificultades, resistiendo a la oscuridad, aprendiendo Braille por si… Sin darnos cuenta, aquellas dos horas semanales que pasábamos juntos, solos ella y yo, mientras el resto trabajaba Educación Física (asignatura que le fue reducida por peligro de pérdida de retina), aquellas dos horas fueron las responsables de que nos hiciésemos amigos.

¿Qué necesitas hoy?

Esa fue la frase que más nos unía, que más libertad nos daba a ambos: a mi me liberaba de la ansiedad de no saber qué hacer con ella, me liberaba de la improvisación, o en el peor de los casos, de la programación; a ella le facilitaba la posibilidad de elegir. Sabía que alguien la escuchaba, y que alguien no tomaba las decisiones por ella. En cierto modo le otorgaba poder…
Y así nos entendíamos, siempre hicimos aquello que necesitaba, y cuando no necesitaba nada hablábamos, nos conocíamos, nos contábamos… Sin decirnos nada surgió una fusión en la que la palabra era cada vez menos precisa porque nos conocíamos y sabíamos para qué estábamos allí ella y yo.

“Tengo que decirte algo”…

Aquel día la Orientadora me contó que se aproximaba cambio de etapa y por tanto estaba revisando la evaluación psicopedagógica de la chica, y se había quedado “flipada” de las puntuaciones que había dado, sobre todo en habilidades verbales, muy por encima del resto.
Tienes una chica superdotadaNecesito pasarle bien todas las pruebas porque con su problema visual puede que tengamos desviaciones importantes en los resultados.
Y así adaptamos las pruebas a su poquita visión y los resultados confirmaron sus sospechas: Altas capacidades.
Tenía una alumna conmigo desde los 8 años, llevaba en ese momento tres años con ella y no sabía que tenía altas capacidades. Nunca la vi una chica “altas capacidades”. Ella era ella, mi alumna, mi compi, mi amiga. De alguna manera no me sorprendió el resultado del test: las cosas que medía eran normales para ella. Incluso al adaptarlo a su problema visual, antes de que ella respondiera a las pruebas, sabía que las pasaría sin la menor dificultad, pero nunca me planteé que fuese altas capacidades.
Quizás por los estigmas que nos persiguen sin darnos cuenta. Una niña casi ciega pero altas capacidades… ¿Hacemos la ecuación?
Baja visión + Alta Capacidad = Normalidad
La cuenta de la vieja, un handicap que se contrarresta con una ventaja… me quedo igual. Eso fue lo que, pasados algunos años, muchas personas me decían.
Y así fue como lo decidimos. Decidimos no hacer nada con su currículo, con su proceso de aprendizaje, con su metodología.. Seguir como hasta ahora porque como hasta ahora le estaba yendo muy bien. Solo decidimos cambiar una cosa… en aquellas dos horas, cuando ella no necesitaba nada de mi, ahondábamos en sus gustos, en aquello que le apasionaba: la literatura. Y leía, y me traía cuentos e historias increíbles escritas por ella. Y participaba(mos) en concursos literarios infantiles… Y entre tanto y tanto practicábamos algo de braille por si…

Y la luz se apagó, y el braille llegó.

Un triste día que aún recuerdo con gran emoción, un triste día se le apagó la luz de sus ojos. Y aquella fue la única vez que vislumbré las altas capacidades de mi chica: las capacidades que le hicieron tomar aquel trance con una entereza y firmeza que está muy lejos de las capacidades de todos los demás.
Sin duda su mamá tuvo mucho que ver en todo esto, y en todo lo que le está pasando de bueno en su vida. Creo que ambos siempre supimos escuchar a mi alumna, a su hija.
Esto ocurrió a un mes de terminar el curso y la etapa de primaria. Se avecinaba un cambio drástico en su vida: afrontar la secundaria con su reciente ceguera. Pero allí estuve yo acompañándola como siempre, formando a sus profes en esa autonomía que la hizo invencible.

Pregúntale a ella

Admito que usé la frase “no os preocupéis, es de altas capacidades” para calmar las miradas miedosas y recelosas de aquellos docentes a los que se les venía encima el problema. Pero también les enseñé a que por encima de todas las cosas estaba la decisión de ella, su autonomía: Pregúntale a ella, es quien mejor sabe lo que necesita.
Los profesores no están acostumbrados a preguntar a sus alumnos. No es que no quieran hacerlo porque… es que directamente no forma parte de su repertorio de estrategias docentes. Cuando realizan una búsqueda de métodos en su disco duro, no aparece nunca la opción “pregúntale a ella“. Y mucho menos si eres ciego, y mucho menos aún si eres ciego y “superdotado”. Aunque en este segundo caso quizás no preguntan por miedo a no saber responder.
Aquel año manteníamos como nuestro el horario de educación física. Y manteníamos como nuestro el sistema del “qué necesitas hoy”. Ese año decidí crear un blog para la comunidad de alumnos ciegos y de baja visión –Visuales Granada-. Mientras estudiaba, leía o aplicaba lo que le enseñaba, yo iba construyendo un blog que decidí que fuese accesible para las personas ciegas, y ella se prestó a ayudarme. Así me hizo de conejillo de indias y todas las barreras que encontraba a la navegación en blogger las fuimos solucionando. Creamos nuestra sección “Consejos de Accesibilidad en Blogger
Aquel año era nuestro último año juntos. Por decisiones burocráticas que no vienen al caso no podíamos seguir juntos, nuestros años como pareja educativa habían terminado. También fue el año en el que nuestro blog, el que construimos juntos y lo hicimos accesible a los ciegos, ganó la Peonza de Bronce del concurso Espiral Edublogs. Nos iban a dar un premio en Madrid.
Y como no podía ser de otra forma le pedí que acompañase. Y como no podía ser de otra forma, su mamá escuchó a su hija y la dejó venir con nosotros, conmigo y con mi mujer. Y aquella fue nuestra gran despedida. Subimos juntos a recoger el premio. Estuvimos un fin de semana en Madrid los dos juntos, fuimos al cine, al McDonald, nos contamos cosas… Inolvidable.

Tres años después…

El destino hizo que nos volviésemos a unir. Ya toda una mujer, “autónoma perdía” que dirían por aquí. Volvía a ser su maestro con ilusión, con nervios, con la sensación de “segundas partes nunca fueron buenas”. Y así fue, la segunda parte no está siendo igual, aunque yo puedo deciros que soy más feliz aún… Ahora ya no me necesita. No estoy dándole una atención directa porque ella misma me lo pidió. Se ha convertido en una de las mejores de su clase, con su línea braille, su ordenador, su escáner y equipo de OCR. ¿Quién necesita un maestro?

Sueño inclusivo cumplido: mi alumna no me necesita.

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