El Gran Problema del Fracaso Escolar

Autor : Sonia López Iglesias.

– ¿Por qué Maria no sabe contestar cuando le preguntan lo que a mí?

– Porque no todo el mundo aprende a la misma velocidad.

– ¿Y por eso nunca levanta la mano para participar?

– Hay niños a los que les cuesta un poco más aprender.

– Siempre habla bajito, yo creo que le da miedo decirlo mal.

– Nunca es fácil equivocarse delante de los demás.

– ¿Y cómo le puedo ayudar?

– Respetando su forma de aprender, su ritmo para avanzar, ayudándole a creer que ella también será capaz de contestar.

La historia de María se repite a diario en las aulas de nuestras escuelas. Los últimos sondeos hablan que entorno al 30 % de los escolares de nuestro país sufren fracaso escolar, una cifra muy superior a la media europea. España se sitúa en la cola de la Unión en cuanto a resultados, demostrando así que las sucesivas leyes educativas no han sabido dar respuesta a las necesidades educativas de nuestros estudiantes. Muy lejos quedan países como Finlandia o Suecia punteros en innovación educativa y buenos resultados.

La mayoría de los niños a lo largo de su escolaridad presentan alguna dificultad de aprendizaje pero, con un diagnóstico precoz y unas intervenciones educativas adecuadas, éstas serán solventadas con éxito. Pero si estos obstáculos no son atendidos adecuadamente, reparados o no se les da la suficiente importancia se irán agravando y acabarán generando importantes dificultades para seguir correctamente el itinerario educativo. Las dificultades irán provocando una desafección y desvinculación progresiva del alumno con su entorno escolar.

Así que no es el niño quien tiene el problema del fracaso escolar sino quien lo sufre y pasa a convertirse en el eslabón más débil del sistema. Es en el momento en que el sistema educativo no halla la manera correcta de dar respuesta a las necesidades del alumno y las estrategias educativas utilizadas no han sido orientadas correctamente cuando condenamos al fracaso al estudiante.

Este fracaso se traduce en suspensos y si son muy reiterados, pueden provocar la repetición de algún curso escolar. A menudo, el único criterio utilizado para valorar el éxito o el fracaso escolar del estudiante son las calificaciones que, en muchas ocasiones, no reflejan lo que realmente sabe o no el niño, dejando al margen de la evaluación aspectos importantes del desarrollo afectivo, social o emocional.

Es imprescindible hacer hincapié que el fracaso escolar se convierte en mucho más que un suspenso para los pequeños. Detrás de él encontramos un alumno con baja autoestima, inseguridad, poca motivación por aprender y mucha frustración. Además no podemos obviar que las malas calificaciones pueden llegar a generar problemas en la relación entre iguales, humillación, depresión y trastorno de ansiedad.

A menudo el fracaso escolar es un contratiempo que no responde a una única causa y en él influyen multitud de variables que afectan el contexto familiar, social y escolar del estudiante. Algunas de estas causas pueden ser;

– Trastornos específicos de aprendizaje: dislexia, disgrafia, discualculia, agrafia,…

– Trastornos de déficit de atención.

– Altas capacidades o superdotación.

– Déficits intelectuales.

– Trastornos emocionales.

– Situación socioeconómica desfavorable.

– Falta de motivación.

– Falta de buenos hábitos de sueño o descanso.

– Adiciones.

– Metodologías educativas o proyectos educativos inadecuados que no dan respuesta a las necesidades de los alumnos.

El fracaso escolar es un tema que crea gran discusión en el momento que nos centramos en buscar culpables a esta situación. A menudo los profesores son la primera cabeza de turco y reciben las críticas en primera línea de fuego. A la vez, ellos culpan a las políticas educativas de las cifras negativas de nuestro sistema escolar y denuncian los pocos recursos con los que deben trabajar. Además, en ocasiones las familias también son señaladas por su poco interés e implicación en el proceso de aprendizaje de sus hijos.

Podíamos pasarnos horas buscando los culpables verdaderos del fracaso de nuestros escolares pero pienso que es mucho más provechoso, necesario e importante unir todos nuestros esfuerzos en crear un tándem perfecto entre escuela, familia y administración. Una comunicación fluida y un trabajo en equipo en la misma dirección hará mucha más efectiva la respuesta educativa hacia el alumno y posibilitará dar respuesta a cada una de las necesidades educativas de nuestros pequeños apostando por una educación personalizada.

El diagnóstico precoz debe convertirse en el punto de partida que nos posibilite descubrir la dificultad concreta que planea el niño y todos los factores que intervienen en ella. La prontitud en la intervención facilitará una intervención a medida y evitará que el problema vaya anquilosándose.

La intervención educativa deberá centrarse, además de responder a cada una de las necesidades que vayan apareciendo a lo largo del proceso, en conseguir despertar en el estudiante las ganas de aprender, la motivación por avanzar con pequeños avances diarios y la construcción de una adecuada autoestima y una buena tolerancia a la frustración. El trabajo interdisciplinar y la toma de responsabilidades por parte de cada uno de los agentes educativos implicados serán la clave para conseguir el éxito del estudiante.

Además, las familias en casa deberían implicarse en el día a día de la escuela, creando un ambiente rico en estímulos, animando cada esfuerzo, requiriendo una adecuada responsabilidad y una buena exigencia por parte del niño delante de los aprendizajes, consiguiendo así una imagen positiva de quien son y lo que hacen. Deberán trabajar codo a codo con los profesionales que comparten la educación de sus pequeños, confiando en su trabajo, apoyando sus decisiones y colaborando en todo lo que se les requiera.

El objetivo de la educación debe ir mucho más allá de aprobar o no una asignatura, debe despertar en el niño las ganas de aprender, de contagiar las ganas de aprender, de descubrir, investigar o crear.

Sonia López Iglesias @sonpa70
Madre, maestra y psicopedagoga. En la actualidad compagino mi trabajo como maestra en una escuela de Educación Primaria con la realización de charlas formativas en escuelas de padres y otras asociaciones educativas.
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