El talento cambia de cole. ¿Alguien se pregunta porqué?

Queridas amigas de Rebelión:

¿Qué tal estáis? ¿Cómo fueron las vacaciones? Probablemente os queden ya algo lejanas, al igual que a mí.

Hace tiempo que quería tener un rato tranquila para poneros al día de las novedades y de las cosas, buenas y malas que nos han ocurrido en los últimos meses

En primer lugar deciros que no aceptaron la solicitud para la aceleración de mi hijo. El motivo que argumentaba la oficina de inspección educativa era que el centro había hecho un informe negativo, y claro, si el centro no lo recomendaba, pues no lo podían aceptar…¡lógico!

Pero fijaos lo que es la vida:

Seguí vuestro consejo y apunté a mi hijo al campamento de Torrelodones en julio. Lo único que puedo deciros es que mi hijo “floreció” allí. Simplemente el hecho de que no se quejara por tener que ir todos los días ya fue un triunfo. Luis no expresa así como así las cosas, pero iba sin rechistar, y cuando se bajaba del coche iba directo corriendo hacia la casa. De hecho, unos días después de empezar ya me preguntó si al año siguiente volvería a ir! ¡Aquello fue para nosotros como un milagro!

En aquellos días vivimos una de las tantas contradicciones que, a lo largo de este itinerario que estamos recorriendo junto a Luis, se nos han ido presentando: el día que en la Escuela de Pensamiento Matemático le hicieron las pruebas para ver el nivel de Luis de cara al invierno, el director y uno de los profesores, que además he sabido que ha dirigido las Olimpiadas Matemáticas Europeas por varios años, me dijeron que estaban muy contentos con mi hijo porque  había dado un nivel muy alto y me pidieron permiso para hacerle las pruebas de un nivel superior, por si le ponían con niños más mayores, y me explicaron que allí los grupos se hacían atendiendo al nivel del niño y no a su edad. Yo les dije que por supuesto que sí, ya que lo que nosotros queríamos era que Luis estuviera feliz.

Recuerdo esa mañana de vuelta a casa después de aquella conversación: sentía una felicidad que no había sentido desde que me dijeron que Luis era un niño de altas capacidades. Por primera vez, después de haberos conocido, me encontraba con alguien que hablaba nuestro mismo idioma y el vuestro, que sabía lo que es un niño con altas capacidades y lo que necesitaba. Sin embargo, al llegar a casa me encontré en el buzón la carta en la que le denegaban la aceleración y nos obligaban a seguir teniendo a Luis en un curso en el que se aburría, se deprimía y se frustraba.

Esta fue la contradicción: en menos de una hora pasé de hablar con unos expertos que me piden permiso para subir a mi hijo de nivel, a tener en mis manos un informe de personas ignorantes en la materia que me dicen que mi hijo no está preparado para subir de curso. Paradojas de la vida.

He de deciros que si no hubiera sido porque minutos antes había descubierto que hay personas que comprenden y conocen a nuestros hijos, y, sobre todo, que se preocupan para que puedan desarrollar todo su potencial, hubiera llorado, una vez más, como lo he hecho en tantas ocasiones en las que he chocado con la ignorancia, la falta de excelencia, el desinterés, la apatía y la burocratización de un sistema y de un colegio que de entrada renuncian a educar en la diversidad y prefieren limitar la velocidad de aprendizaje a un mínimo en el que ellos, los docentes, se encuentren cómodos y les suponga el menor esfuerzo posible. Pero en ese momento, en el que ya habíamos decidido cambiar a Luis de colegio, y en el que habíamos empezado ver algo de luz después de tanta oscuridad, aquella carta me afectó poco. Me dolió por la negligencia, la ignorancia, la poca disposición al cambio y al aprendizaje que había en el fondo de la misma, pero me dejó indiferente en el sentido de que ya habíamos cambiado el “chip” y de que ya no había marcha atrás.

Poco más tarde me confirmaron que nuestro hijo entraba en un colegio británico, y comenzamos el verano muy ilusionados. Nos podíamos olvidar del centro que tan poca comprensión había mostrado a las necesidades de mi hijo.

Ha pasado un verano delicioso, feliz, motivado, contento, activo, ¡niño! Chillando como un niño, disfrutando como un niño, a tope, en fin… ¿qué os voy a contar?

El día 1 de septiembre comenzó el colegio. Todo un reto sobre todo por el idioma pero también por el método… ¡Esta feliz!. Expresiones como “genial”, “me mola”, “guay”, o “mamá, hoy ha sido la bomba”, son la muestra de que Luis está bien. Reconocer esto es un motivo de alegría, pero también de reflexión. ¿Es justo que unos padres deban contentarse con las migajas de la ilusión de un niño de 8 años? Y, sobre todo, ¿no se le debería caer la cara de vergüenza a todo el sistema educativo español al ver que niños como Luis viven sumidos en la tristeza, en la desilusión, y acuden al colegio arrastrando los pies, mientras viven sus horas allí como una condena? ¿Hay derecho a que un niño con 8 años no conozca lo que es “tener ganas de hacer algo”?

Un día al salir del colegio me cogió la mano, y sin que yo le preguntara nada tuvimos esta conversación:

-“Mamá, ¡hoy genial!

-Por qué hijo?

-No sé mamá…..¡porque me gusta!

Fue una expresión de sorpresa, ¡se sorprendía de que el colegio le gustara!

Bueno, no os voy a contar cómo se me quedará grabada esa frase de por vida….

Sé que volverán momentos malos, momentos de hastío, de desmotivación, sé que habrá que seguir luchando, peleando, cambiando, insistiendo….pero al menos sabemos que estamos en el buen camino.

Durante el pasado curso hemos vivido malas experiencias, hemos pasado por momentos duros, y hemos derramado muchas lágrimas. Me han servido para ser más fuerte y para conocer mejor a mi hijo y sus circunstancias. Pero os quiero decir una cosa: también hemos tenido momentos muy buenos, inyecciones de optimismo y buenas dosis de esperanza, y he de deciros que, EN TODOS ESTOS BUENOS MOMENTOS SIEMPRE HABÉIS ESTADO PRESENTES.

Os lo he dicho varias veces, pero os lo tengo que volver a repetir: en todo lo bueno que hasta ahora le ha pasado a mi hijo en lo que a sus altas capacidades y su motivación e ilusión se refiere, habéis estado vosotras. Es más, TODO LO BUENO QUE NOS HA PASADO HA SIDO GRACIAS A VOSOTRAS. A vuestra ayuda, a vuestra paciencia, a lo que hacéis desde La Rebelión del Talento. No tengo palabras para agradeceros el hayáis luchado por mi hijo como si fuera el vuestro propio. Nunca olvidaré la noche que estuvimos con el altavoz mi marido y yo hablando con vosotras por primera vez. Aquello fue el principio de este camino.

Hoy Luis está feliz, ha vuelto a dibujar, a hacer trabajos, come más, tiene otro tono de voz, es…¡un niño!. Nosotros hemos podido cambiarlo de colegio, pero mi lucha, vuestra lucha, no tendría sentido si no conseguimos que tantos otros niños que no podrán ir a un colegio como el de Luis, puedan también disfrutar de ser niños en sus centros, sean del tipo que sean, y estén donde estén. Ese es mi deseo, y por eso sigo mandando a nuestro antiguo colegio todo aquello que creo que puede ayudarles a educar verdaderamente en la diversidad para que ni un solo niño se marchite en soledad ante la desesperación de unos padres que no saben hacia dónde ir.

 Así que bueno, ese ha sido nuestro verano, ¡movido pero apasionante!

 Os deseo un buen curso lleno de rebeldía, y os pido, por favor, que no dejéis de luchar.

 Ánimo rebeldes, y, sobre todo, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

 ——

Luis tiene un cociente intelectual altísimo. Sin embargo en su centro anterior la profesora opinaba, sin formación, sin información, que su problema de desajuste era el color de su piel, y la orientadora del centro les decía que el hecho de que Luis tuviera altas capacidades, era algo secundario en lo que a sus problemas emocionales se refiere. Luis, con tan sólo 8 años se sentía aislado, perdido, desmotivado y deprimido hasta el punto de amenazar con tirarse por el balcón con tal de no volver al colegio.

Luis tiene “suerte”: sus padres, dispuestos a luchar hasta el final, tienen la capacidad de buscar para él una oportunidad en otro sistema educativo. Pero hay muchos “Luises” que no tienen esta oportunidad.

Cada curso muchos niños de alta capacidad, faltos de respuesta en sus aulas, van de centro en centro con la esperanza de encontrar un sistema mejor o simplemente para romper con la mala relación que se establece entre una familia que pide apoyo y un centro que no quiere o no sabe dárselo. Ningún director, ningún responsable político o administrativo se pregunta por los motivos de estos cambios. Ninguna estadística, ninguna encuesta cuestiona por qué cada curso, tantos centros sufren esta “fuga de talentos”.

Autora : Madre Anónima que os anima a todas a luchar por vuestros hijos para que todo cambie también para otros niños.

Anuncios