Mi aula, un Laboratorio.

Autora : Alicia Rodriguez Gómez.

Maestra de Primaria.

Llevo en la docencia desde el 23 de septiembre de 2005 y mi primer contacto con “las Altas Capacidades” no llegó hasta septiembre de 2006. Ni siquiera se hablaba de Alumnos con Altas Capacidades sino, directamente, de alumnos superdotados. Y en ese caso había dos alumnos diagnosticados con los cuáles yo trabajaría: David, en mi tutoría de 6ºA y Alba, en 6ºB a quien yo sólo daría Matemáticas.

Durante los comienzos de este curso, se nos propuso como toma de contacto el exponer cuál había sido nuestra experiencia con estos alumnos. Y a mí personalmente, nunca ha dejado de sorprenderme que, tras 11 años dando clase, sólo haya tenido 2 alumnos diagnosticados. Dos en 11 años. Esa es la razón por la cual estaba tan motivada en la realización de este curso ya que estoy absolutamente convencida que no es que sólo haya trabajado con dos niños en 11 años. Ha habido más, pero yo no he sabido verlo.

Este año, con una tutoría de 2º de Primaria, hay un alumno que no deja de sorprenderme diariamente. Me sorprende con sus intereses, con los libros que quiere y le apetece leer, con las colaboraciones en clase, con lo que sabe “y no debería saber” con sólo 7 años…

Y esta es la 2ª razón de mi interés en realizar el curso. Miguel y cómo responder a sus necesidades dentro de la clase. Porque Miguel demanda mucho y quiere mucho más.

Reconozco que hacer el curso ha sido también una cura de humildad y de darme cuenta de la cantidad de prejuicios con los que he llegado y que mantenía. Ideas preconcebidas como las siguientes: las altas capacidades se dividen en talentosos, brillantes y superdotados, sólo se diagnostica mediante el CI, no es conveniente promocionarles a un curso más adelantado, con darles material adicional para trabajar ya es suficiente, se convierten en bichos raros si no se atienden muy bien sus necesidades psicosociales (en esto sí estoy de acuerdo pero de modo diferente al que tenía previamente) y, sobre todo, la idea de no comenzar a hacer actuaciones hasta que el alumno sea diagnosticado.

Así, mi forma de afrontar el trabajo en la clase donde tengamos o exista la posibilidad de tener un alumno con altas capacidades ha cambiado y mucho:

No atenderé las capacidades de Miguel una vez que esté diagnosticado sino que ya he empezado a hacerlo. Es decir, la idea de establecer medidas una vez sólo haya sido valorado por la orientadora del centro ha quedado desterrada. Porque Miguel tiene otras necesidades sea diagnosticado o no y las seguirá teniendo lo sea o no. Al igual que los demás niños. Si un alumno nos dice que no ve bien la pizarra desde la última fila de atrás, le cambiamos directamente a la primera fila para que lo vea bien, no esperamos a que vaya al oftalmólogo y traiga las gafas. Y en mi opinión, esto funciona de la misma forma.

De hecho, aunque precisamente el miércoles 22 de enero hablaremos con la mamá de Pablo y la posibilidad de valorarlo, las medidas de actuación en clase ya se han tomado. Y eso me lleva al punto nº 2.

Y es que a veces se nos olvida que las actuaciones no tienen porqué ser extraordinarias ni tienen que pasar primero por un “filtro oficial”. En ocasiones no nos damos cuenta que un cambio en la metodología más sencilla es también una medida tremendamente importante. Por ejemplo, dentro de las medidas de actuación, la promoción a un curso más adelantado es sólo una de ellas, sólo una de las muchas que existen y que además no se da en todos los casos. Hasta llegar a ahí, si hay que llegar, hay otras.

La promoción a un curso más adelantado no es adecuada porque Pablo tiene muchos amigos en clase y cambiarle con niños mayores podría resultarle traumático. Es ésta la afirmación de la cual estaba más convencida antes incluso de comenzar el curso. Quizá por idea preconcebida, quizá por mi experiencia con David no podía ni llegar a pensar en esta medida en Pablo. Porque Pablo es feliz en clase, es feliz jugando en el arenero, es feliz con sus compañeros, es un niño integrado, aceptado, respetado…

La decisión de la mamá de David de que éste continuara con su clase para no convertirle en un “bicho raro” me hizo convencerme de que esta idea es sagrada y que, bajo ningún concepto se debe mover al alumno de su grupo/clase. Esta opción con Miguel es una posibilidad no inmediata porque quedan pasos por dar, lo que sí me queda claro es que SÍ es una posibilidad y que no puedo descartarla.

Porque, de la misma forma que Miguel es feliz en su clase, ¿por qué no iba a serlo en otra? ¿No será quizá que Miguel ha sabido adaptarse perfectamente a su clase actual y que de la misma forma podría adaptarse a otra y hacerlo también sus nuevos compañeros a él? ¿No sería más justo para él estar tratando contenidos más acorde a sus capacidades?

Las actuaciones y las medidas con Miguel no tendrán en cuenta hacer fichas y más fichas que traten sobre lo mismo y que no serán diferentes de las que ya han hecho. Porque eso es algo más que intentaré no volver a hacer. Rellenar el tiempo de un alumno que ya ha terminado una actividad porque ya ha adquirido unos determinados conocimientos con otra actividad que es exactamente la misma pero formulada de manera diferente. Y procuraré no hacerlo porque se trataría sólo de eso, de rellenar su tiempo. Puede resultar hasta contraproducente. Quizá lo único que logremos es que los alumnos se aburran, terminen aborreciendo determinadas actividades e incluso desconecten o intenten no terminar antes para no tener que hacer un trabajo extra que no les aporte nada nuevo.

Por todas estas razones, una de las formas de poder atender las demandas de Miguel y que ha conseguido motivar a toda la clase ha sido la de “nuestros experimentos”. Miguel quiere ser científico. Creo que fue lo primero que me dijo cuando le conocí, que quería ser científico para hacer experimentos y descubrir cosas nuevas. Y ha demostrado que sabe hacer experimentos que yo ni siquiera sabía que existían. Yo había procurado siempre realizar actividades prácticas en la clase, no es que sea algo nuevo ni mucho menos inventado. Pero sí es cierto que es algo que hemos instaurado de manera “oficial” en nuestras clases de Sociales.

El interés de Miguel por traer y enseñar a sus compañeros sus experimentos era tal que hemos establecido la clase en grupos de 7 alumnos que van cambiando en cada tema para que todos se relacionen y aprendan a trabajar con todos. De este modo, y tras dos temas trabajando así los resultados están siendo espectaculares.

En concreto, tenemos ya en la clase una muestra perfecta y sencillísima de cómo funciona el Ciclo del Agua tan sólo utilizando un bol grande, uno pequeño, plástico transparente, agua y celofán. En sólo unos días los alumnos/as han visto cómo el agua ha pasado del bol grande al pequeño sin desperdiciar una sola gota de agua, tan sólo poniéndolo sobre la calefacción. Y no ha sido idea mía sino suya, en concreto, del grupo de Miguel.

El punto culminante y que me hace sentirme especialmente orgullosa de la clase y de su trabajo llegó este 14 de febrero. Otro grupo, que no es el de Miguel nos mostró a principios de febrero cómo hacer una depuradora de agua utilizando una botella de plástico, algodón, gasas, piedras grandes, arena y agua sucia. El 14 de febrero nos fuimos de visita al Museo de Ciencia y Tecnología de Madrid y contratamos un taller llamado “Al laboratorio”. Y el experimento que los monitores del taller habían preparado no era otro que el de hacer una depuradora de agua. Les facilitaban todos los elementos para fabricarla y ellos tenían que pensar en grupo cómo disponer las capas para que el agua sucia saliera totalmente limpia. Pero ellos ya lo sabían así que el asombro del monitor fue tal que les estuvo preguntando qué otros experimentos han hecho en clase.

Y la idea de los boles les ha gustado tanto que van a intentar adaptarla para realizarla con otros grupos que acudan al museo.

Sé que me queda y nos queda mucho por hacer en el aula pero la satisfacción de toda la clase y no sólo de Miguel me hace pensar que vamos por el buen camino.

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Este es un buen caso de atención mediante la inclusión y de respuesta que revierte en beneficio de todo el aula. Miguel no realiza ejercicios diferentes al resto de sus compañeros y por supuesto no los realiza en un aula apartada. Tampoco tiene que esperar a acabar tareas ordinarias para hacer más tareas. Miguel iene la oportunidad de compartir con los demás su pasión, realizar experimentos. Así Miguel se siente incluido, y al mismo tiempo estimulado para dar rienda suelta a sus intereses, su imaginación y su curiosidad… y ese estímulo esta allí para todos los niños que descubren así sus capacidades. Porque el potencial no se muestra de una única forma y en muchos casos no seremos capaces de verlo hasta que no presentemos el estímulo adecuado.

¿Qué recursos a utilizado Alicia?

  • Alicia ha eliminado el techo, no limitando el contenido y dejando que los niños exploren y avancen por el camino que su imaginación e intereses les han llevado.
  • Ha usado el trabajo cooperativo y los agrupamientos flexibles, en este caso sin más criterio que la rotación, porque experimentar esta al alcance de todos.
  • Ha enriquecido el aula para todos y aplicado el aprendizaje “Just in Time”, aprendemos haciendo y experimentando, entendiendo cómo y porqué suceden las cosas.
  • Y ha organizado una actividad de enriquecimiento tipo I como le llamaría Renzulli, llevando a los niños al Museo, en relación con lo que estaban trabajando en clase, para que los niños comprendan cómo se relaciona su aprendizaje con el mundo real y qué aplicaciones tiene.

 

Compartiremos con vosotros cada jueves experiencias de maestras y profesores desde infantil a Bachillerato y Formación Profesional. Experiencias que nos demuestran cómo el aula multinivel no es una utopía sino una exploración del aula que aumenta la implicación y motivación del alumnado, pero también la del educador.

 

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