¡No era una, sino 5!

Cuando abrimos la mirada y aprendemos a observar aquellos rasgos que distinguen las altas capacidades, no sólo descubrimos el potencial y la capacidad que varios de nuestros alumnos esconden, sino que sobre todo entendemos el porqué de sus conductas y actitud y cómo podemos ayudarles. Vale la pena:

Autora : María del Mar Ruiz Pérez, maestra de Infantil.

Me gustaría iniciar esta tarea final con una exposición de los motivos que me llevaron a la realización de este curso y la presentación del alumnado al que van dirigidas mis reflexiones. También me gustaría dejar claro en esta introducción que, lo que aquí expongo, no es más que el reflejo de lo que estoy intentando llevar a la práctica en mi aula, adaptando, poco a poco, una parte de lo aprendido en el curso a mi día a día.

Situación de partida

Soy tutora de un aula de trece niños y niñas del tercer curso del segundo ciclo de Educación infantil. Niños/as de entre cinco y seis años. Debido a la baja natalidad de nuestra población (zona rural con una bajada considerable en el número de puestos de trabajo), el número de alumnos que se matriculan en nuestro centro oscila de año a año con una tendencia a la baja bastante alarmante. Esto ha llevado a la reducción de personal docente, en particular somos dos maestras en la Etapa de Infantil y, por lo tanto, cada año debemos agrupar dos cursos para poder atenderles.

Soy tutora de este grupo desde que entraron en tres años lo cual me lleva a tener un conocimiento bastante grande sobre sus gustos, necesidades, problemas y capacidades (o eso creía yo).

El curso pasado, este grupo estuvo compartiendo aula con otros seis alumnos de un curso superior. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que entre los niños más pequeños había varios que, no solamente seguían las explicaciones que hacía a los mayores sino que, en muchos casos, lo comprendían mejor e, incluso, les ayudaban a realizar sus tareas (este era el caso de X, a la que me referiré en varias ocasiones a lo largo de este trabajo), dejando de lado en varios momentos sus propias tareas. Esto me llevó a globalizar mucho más mi forma de trabajar y los contenidos que trataba. Tuve, ya entonces, que modificar mi programación e incluir para todos los alumnos algunos objetivos que, en principio, solamente había pensado para los mayores. Evidentemente algunos niños de los diecinueve que tenía en ese momento, se quedaron un poquito rezagados con respecto a los demás, ya que seguían en su nivel “normal” de cuatro años y mi atención se centró en reforzarles a ellos.

Al inicio de este curso, por lo tanto, algunos de mis alumnos (5 de 13) ya tenían superados los objetivos que se proponían para la Educación Infantil en la mayoría de las áreas, aunque tenía otros ocho que necesitaban seguir trabajando con los objetivos de su edad. Al mismo tiempo empezaron a acentuarse algunas pautas de comportamiento que me preocupaban y a las que tenía que dar solución, niños con claros síntomas de hiperactividad, otros con déficit de atención, niños que me decían que se aburrían, otros perdían calidad en sus tareas individuales, es decir, una gran variedad dentro de lo reducido que era mi grupo.

Entre todos ellos empezó a destacar una de las niñas, X. Esta alumna lee perfectamente, ya lo hacía el año pasado, suma y resta con gran facilidad, tiene unas capacidades motrices muy superiores a las del resto de sus compañeros, es capaz de realizar problemas de lógica con gran soltura y sus conversaciones e intereses se aproximan más a las de una adolescente que a las de una niña de Infantil. La parte “negativa” venía en su comportamiento: retadora, indiscreta, ”cotilla”, incapaz de estar callada, con gran afán de protagonismo, con una gran capacidad de liderazgo que no siempre utiliza de forma positiva, muy competitiva, muy madura para su edad y, al mismo tiempo, muy sensible a críticas y deseosa de aceptación. Esto hizo saltar todas mis alarmas y fue la primera vez que me puse en contacto con la Orientadora de mi centro que, de hecho, ya ha iniciado una evaluación de la niña.

Todo lo comentado con anterioridad me creó una tremenda necesidad de formación y por ello me he embarcado en la realización de varios cursos, algunos de ellos simultáneos, sobre detección de alumnos con TDAH, constructivismo, aprendizaje basado en proyectos y el que nos ocupa en este caso, sobre altas capacidades.

Y ¡ZAS!, mi mundo patas arriba: o lo que es lo mismo ¿en qué medida ha cambiado mi mirada, concepción y criterios de identificación de mi alumnado? Todos estos cursos que he mencionado me han puesto en la evidencia de que tenga los alumnos que tenga no tengo que centrarme tanto en las individualidades sino en cambiar ciertos aspectos de mi trabajo que favorezcan a toda la clase en general, pues la mayoría de las adaptaciones que tengo que llevar a cabo para alumnos con déficit de atención, rasgos de hiperactividad o altas capacidades, le vienen bien a todo el grupo, y que ayudando a unos también estoy mejorando el rendimiento del resto.

En cuanto a los criterios de identificación también he cambiado mi mirada de forma radical, es más, de tener clarísimo que tenía una niña que reunía gran parte de las características atribuidas a niños de alta capacidad, he pasado a darme cuenta de que muchos de la clase podrían encajar en algunos de los ejemplos que se plantearon en la sesión presencial.

De esa manera me enfrento a una especie de “cantera de talento” formada por:

– A. Es un niño un poquito repelente, con tendencia a menospreciar los demás y que se pelea y discute por todo y con todos, con unos padres que están pensando ya en la carrera de su niño y de los que piensas que le están sobreestimulándolo. Y efectivamente, puede ser que así sea, pero la realidad es que tiene un razonamiento lógico-matemático magnífico, que se entusiasma con todo lo que tenga que ver con ciencias, que entiende perfectamente lo que lee y que te plantea cuestiones muy interesantes para su edad y que cuando rascas un poco te das cuenta de que lo que piensa es que no es tan listo como su hermano mayor.

– B. Es un niño “hiperactivo” que se recorre la clase durante la asamblea, que va haciendo la rana, que hace ruidos constantemente, que se pone de pié en la silla mientras escribe, pero que cuando le preguntas cualquier cosa sabe contestar perfectamente, de forma razonada, haciendo aportaciones acordes a lo que estamos hablando y que se puede tirar horas delante del ordenador sin cantearse o haciendo puzles de cien piezas y que lee estupendamente y que suelta frases del tipo “la fruta que me he echado mi mamá está exquisita”.

– C. Esta niña no me da ningún problema, casi ni se le oye, es perfeccionista, querida por todos, con unas capacidades artísticas altísimas que refleja en sus creaciones plásticas, sigue los ritmos musicales sin perderlos ni una vez, que cuando planteas algún problema de lógica la puesdes observas contestar por lo bajo sin atreverse a levantar la mano y que cuando le preguntas que quiere ser de mayor te contesta que cantante de rock.

– D. Es ese niño vago, vago, vago que se te tumba encima de la mesa, que tarda una mañana en hacer una ficha de escritura (que te había leído y comprendido en un pis-pas), pero que cuando habla de caza se despierta y te habla de calibres, de perros, de animales cazados. Te hace el recuento de piezas de caza, te dice la especie de todos los bichos que pasan, te busca en la tablet vídeos y documentales de caza y pesca y que tiene una claridad en lógica matemática superior a su edad y que está discutiendo continuamente con el niño A.

Si hacen cuentas, junto con X son los cinco niños que al inicio de curso ya tenían superados la mayoría de los objetivos planteados para la Educación infantil. Ellos junto con otros alumnos no tan brillantes pero muy trabajadores y dos con claras carencias en atención (pero de los cuales uno de ellos también destaca en razonamiento lógico-matemático y en razonamiento de situaciones complejas, de la vida cotidiana, a los que suele dar solución de forma bastante llamativa y que también está en mi punto de mira), son los que me llevaron a plantearme: ¿Y ahora que hago? o lo que es lo mismo: que respuesta doy a este alumnado, ¿cómo convierto mi clase en un aula multinivel y creativa?.

Paso a dar respuesta a esto dejando claro que el hecho de estar en Educación Infantil ya me había adelantado en la mayoría de los aspectos que se recomiendan a tales efectos. Por lo tanto ni todo lo hecho estaba mal, ni era desconocido para mí, pero si es cierto que he cambiado muchos de mis conceptos erróneos, que he tirado por tierra muchos estereotipos y que, sin cambiar en exceso mi programación, puedo ir introduciendo pequeñas modificaciones, aumentando la proporción de ciertas actividades, y utilizando mucho más algunos de los recursos a mi alcance.

En primer lugar he empezado por cambiar la estructura de mi aula. He eliminado muebles, he dejado espacios para trabajar más en suelo y moviéndonos en los distintos rincones de forma más libre y he cambiado la estructura de los grupos de trabajo. Hasta ahora siempre he intentado hacer grupos heterogéneos para que los alumnos más avanzados trabajaran como una especie de alumno-tutor con los más rezagados. La realización de este curso me ha ayudado a comprender que también tengo que trabajar con GRUPOS HOMOGÉNEOS, facilitando que los alumnos con mayor capacidad compartan experiencias con otros niños capaces de seguirles en sus razonamientos y he aprendido que puedo trabajar perfectamente con grupos que van a distinto ritmo, que unos van a llegar antes que otros y por distintas rutas a los objetivos marcados.

Por otra parte he introducido mucho más el APRENDIZAJE POR PROYECTOS, esto me permite, por una parte, que los alumnos participen y tomen decisiones sobre los temas que vamos a trabajar, dentro de los que yo les ofrezco según unos intereses previos. Por otra parte les doy la libertad de que cada grupo investigue hasta donde quieren llegar ampliando de esta forma el techo de aprendizaje. Implico a las familias y las hago partícipes de los avances de sus hijos desde dentro, ya que ellos colaboran y aportan los recursos que los niños puedan ir demandando dentro de sus posibilidades. Introduzco la auto-evaluación y la co-evaluación, con los que todos los alumnos son conscientes de sus progresos y de los aspectos que necesitan mejorar.

Permito bastante libertad a la hora de elegir los roles a desempeñar dentro del grupo con lo que favorezco que cada alumno pueda desarrollar aquellos aspectos que más le interesan. Rompo sus esquemas y les reto a resolver los conflictos que vayan surgiendo a lo largo del proyecto y a dar respuesta a la situación propuesta al inicio del mismo con lo que intento sacarlos de su zona de confort y por último dejamos claro desde el principio cuál es nuestro objetivo final, con lo que facilito la visión general de aquellos niños cuyo aprendizaje así lo requiere ya que ven las cosas de forma más global.

De momento hemos realizado un proyecto sobre la recogida de aceituna y la elaboración del aceite que ha funcionado fenomenal y ahora estamos metidos en otro sobre la construcción de una casa que les está entusiasmando. No es que sean muy originales pero tienen que ver con su entorno más próximo y con los intereses que les preocupaba en estos momentos.

Por otra parte, en nuestras rutinas diarias, explicaciones y asambleas, tengo muy en cuenta la utilización de distintos recursos: introducir movimiento, canciones que faciliten la comprensión, utilización de TICs, bits de inteligencia, diapositivas, murales, pequeños experimentos, utilización de técnicas constructivistas, material Montessori, trabajo con las inteligencias múltiples para atender a todos los estilos de aprendizaje. Pero esto es algo inherente al aula de infantil. Todos estos conceptos y metodologías son utilizados a diario y no he tenido que introducir cambios prácticamente, aparte de los que conlleva la creación de nuevos materiales para trabajar los conceptos propuestos en cada unidad o proyecto.

Crear un entorno motivador, poner a su alcance materiales y recursos diferentes es lo normal en nuestra etapa. Sí que he tratado de tener mucho cuidado en algunos aspectos a los que se refieren distintos documentos del curso, el primero de ellos la sobreprotección, resulta difícil en esta etapa lanzarles retos sin tener miedo a que un posible error no pueda ser bien asimilado, de hecho algunos niños se enfrentan a los retos con cierto temor de hacer el ridículo o fracasar. Para ello me estoy esforzando en la motivación positiva, en hacerles ver que no pasa nada por equivocarse, en alabar el intento y no sólo el resultado final, en felicitarles por todas las propuestas que realizan aunque no sean las correctas, etc.

Otro aspecto difícil es evitar el efecto Pygmalión. Resulta complicado que el niño y su familia no detecte las altas expectativas que yo misma me he creado con respecto a ellos. Estoy teniendo bastante cuidado a la hora de entrevistarme con la familia a la hora de comunicarles mis dudas con respecto a las capacidades de sus hijas/os. Procuro no mencionar las palabras altas capacidades y, por supuesto nunca la de superdotado. Sí que les hago ver que tienen ciertos potenciales que debemos trabajar de forma conjunta para ayudarles a conseguir un desarrollo completo, pero sin crearles mayores expectativas, de momento.

En cuanto a los niños evito hacer cualquier referencia que haga evidente mis intenciones, y procuro animar y retar de forma muy similar a todos los niños del aula teniendo cuidado de proponerle a cada uno un reto a su alcance.

¿Y a partir de ahora qué?

He estado comentando a lo largo de distintos momentos cómo muchas de las adaptaciones propuestas en el material del curso son muy fáciles de utilizar en Educación Infantil, pero ahora me encuentro con el temor de que estos niños pasan el próximo curso a Primaria.

Evidentemente, y cómo he mencionado con anterioridad, ya me he puesto en contacto con la Orientadora y se ha iniciado la evaluación de X. Ya en ese momento me dejó claro que el proceso para considerar a un niño como de alta capacidad es largo y complejo. Teniendo en cuenta que comparte su trabajo entre cuatro centros y que el tiempo que puede dedicar a cada niño es limitado. Ni que decir tiene la cara que puso cuando le comenté mi intuición de que podía haber más de uno.

Por otra parte la mayoría de mis compañeros/as de Primaria parten de los mitos que tanto se han comentado a lo largo del curso. Tiene que ser un niño con muy alto rendimiento, destacar en todas las áreas, este niño está muy estimulado por la familia, este niño va muy bien y no da problemas ¿para qué meternos en líos?…

Tengo la suerte de que su próxima tutora pasa dos días a la semana a mi clase para reforzarme, esto me ha permitido transmitirle mis observaciones y que ella conozca de primera mano las necesidades y comportamientos de los niños con los que va a trabajar el próximo curso, al igual que las especialistas de Inglés, Religión y Educación Musical, que ya están trabajando con ellos y que conocen y comparten algunas actividades conmigo.

Por estos motivos me he propuesto varias actuaciones para llevar a la práctica a nivel de centro, que propondré en los próximos claustros y que son los siguientes:

– Dado que este curso comparte aula y tutora en años alternativos (es decir, les toca compartir el año que viene con los de segundo) propondré que algunos de los niños, en particular X, puedan beneficiarse de esta unión dando ciertas áreas a nivel de segundo. De hecho X tiene una hermana un año mayor, con la que compartió curso el año pasado y compartirá el siguiente, a la que ella explica los problemas y los deberes que le mandan para casa. Por lo tanto el próximo curso ya tendrá adquiridos los objetivos para primero de Primaria.

Plantearé la formación de un grupo de trabajo en el que pueda compartir con el claustro todos los recursos aquí aprendidos y les motivaré para que participen en futuros cursos que se puedan realizar en próximos años.

– Animaré a la creación de talleres multinivel en algunos temas sencillos de llevar a la práctica y que abarquen distintos intereses para que puedan participar el mayor número de alumnos del centro, en particular, y teniendo en cuenta los intereses de mis alumnos y alumnas propondré talleres de:

o Periodismo
o Protección del medio ambiente
o Conjunto musical
o Teatro
o Fotografía

Conclusión:

Este curso me ha creado muchas expectativas para el futuro, ni que decir tiene que he visto y leído, con avidez, todos los enlaces que aparecían en la documentación ya que me aclaraban muchos aspectos en los que tenía necesidad de formación. Ni que decir tiene que ya tengo en mi poder gran parte de la bibliografía propuesta y que soy consciente de que tengo muchas cosas que mejorar y cambiar en mi docencia presente y futura. Espero continuar con la misma ilusión que tengo en estos momentos y poder contagiarla al resto de mis compañeros.

Muchas gracias.
María del Mar Ruiz Pérez


¿Qué educación hemos diseñado para que la naturalidad y libertad con que se pueden adoptar medidas en infantil, desaparezca el curso siguiente, sin más? ¿Cómo pensáis que se sientes estos niños que han sido retados a avanzar en infantil y obligados a frenar en primaria? ¿Vamos a seguir contribuyendo a esta situación?. Esta en nuestras manos cambiar, pues a pesar de todas las barreras hay aún mucho campo para actuar y generar una experiencia de aprendizaje positiva y motivadora para todos los niños, como nos estan demostrando los maestros y profesores que tan generosamente estan compartiendo con nosotros sus experiencias y aprendizaje en este blog. A todos ellos, ¡Gracias!

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3 comentarios sobre “¡No era una, sino 5!

  1. Enhorabuena por tu identificación sobre las capacidades de estos niños.
    No siempre se cuenta con el conocimiento por parte del entorno de sus capacidades. El hecho de que se empiecen a valorar hará que la vida de estos niños se adecue a su potencial.

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